Boca salió del Nuevo Gasómetro con mucho más que tres puntos. El equipo de Rodolfo Arruabarrena derrotó 2-0 a San Lorenzo, se quedó con un clásico que históricamente le resulta incómodo y confirmó el crecimiento que viene mostrando desde hace varias semanas. Esta vez no hubo sufrimiento: fue superior, manejó la pelota durante largos pasajes y terminó imponiendo una diferencia que incluso pudo ser mayor. El partido se quebró definitivamente a los 30 minutos del primer tiempo, cuando Manuel Insaurralde fue expulsado por una durísima infracción sobre Santiago Ascacibar. San Lorenzo quedó con diez y Boca comenzó a encontrar cada vez más espacios, aunque recién consiguió transformar ese dominio en goles durante el complemento. El gran responsable de manejar el encuentro fue Leandro Paredes. El capitán volvió a demostrar por qué es el eje alrededor del cual funciona el equipo y terminó con números extraordinarios: realizó 131 pases y completó 125, alcanzando un 95 por ciento de efectividad. Boca terminó el partido con aproximadamente 75 por ciento de posesión y 632 pases contra apenas 202 de San Lorenzo. Hubo momentos en los que el Ciclón pasó varios minutos sin conseguir recuperar la pelota, mientras Paredes administraba los tiempos y obligaba al rival a correr detrás de ella. La superioridad finalmente apareció también en el marcador. A los 11 minutos del segundo tiempo, Leonel Flores volvió a encontrar a Leandro Lozano, quien sacó un potente zurdazo para vencer a José Devecchi y establecer el 1-0. La fórmula empieza a transformarse en una sociedad importante para Boca. Flores y Lozano ya habían protagonizado una acción similar en el Morumbí frente a San Pablo y volvieron a conectarse en un partido determinante. El segundo llegó a los 26 minutos y terminó de liquidar el clásico. Lautaro Blanco protagonizó una gran maniobra por izquierda, superó a su marcador y envió la pelota al área para la llegada de Miguel Merentiel, que apareció en posición de goleador y marcó el 2-0. La Bestia volvió a demostrar su facilidad para aparecer en los partidos importantes. El uruguayo alcanzó los cuatro goles en sus últimos seis encuentros frente a San Lorenzo y continúa consolidándose como una de las principales referencias ofensivas del equipo. Boca incluso tuvo situaciones para conseguir una diferencia mayor. Ascacibar quedó mano a mano después de un taco de Merentiel, el propio mediocampista tuvo un cabezazo frente a Devecchi y también hubo intentos de Flores, Delgado y Paredes. El Xeneize dominó territorialmente y convirtió el campo de San Lorenzo en el escenario de prácticamente todo el segundo tiempo. La victoria adquiere todavía más valor por el momento en el que llega. Boca venía de conseguir en Brasil la clasificación a las semifinales de la Copa Sudamericana y tenía que demostrar que podía cambiar rápidamente el foco para responder también en el campeonato local. Lo hizo con autoridad y alcanzó los 17 puntos en la Zona A, donde quedó quinto y bien posicionado dentro de los puestos de clasificación a los playoffs. Además, llegó a 47 unidades en la Tabla Anual y quedó metido de lleno en la pelea por conseguir uno de los boletos para la Copa Libertadores 2027. El resultado también prolongó una racha que empieza a tomar una dimensión considerable. Boca alcanzó 15 partidos consecutivos sin perder y continúa acumulando señales positivas en un momento decisivo de la temporada. Para Arruabarrena hubo además un componente especial. San Lorenzo había sido uno de los últimos grandes golpes de su anterior ciclo en Boca, con aquel 4-0 que precipitó su salida. Diez años después, el Vasco regresó al Nuevo Gasómetro y consiguió una victoria contundente que confirma una realidad completamente diferente. Ahora llegará un pequeño respiro antes de otro desafío enorme. Boca tendrá por delante el clásico frente a Racing por la Copa Argentina, mientras mantiene abierta la pelea en el Clausura y espera la semifinal de la Sudamericana frente a Vasco da Gama. El análisis de Zona de Gol Boca está empezando a conseguir algo mucho más importante que una serie de buenos resultados: está construyendo una identidad. Ante San Lorenzo dominó desde la pelota, manejó los tiempos y nunca perdió el control de un encuentro que se volvió todavía más favorable después de la expulsión de Insaurralde. Paredes es el corazón de esa transformación. Sus 125 pases correctos sobre 131 intentos explican solamente una parte de su influencia. El capitán decide cuándo acelerar, cuándo enfriar el partido y dónde debe circular la pelota. Cuando Boca consigue jugar alrededor suyo, el equipo adquiere una jerarquía difícil de encontrar en el fútbol argentino. También empiezan a aparecer sociedades que fortalecen el funcionamiento colectivo. Flores volvió a asistir a Lozano, Blanco encontró a Merentiel en el segundo y Ascacibar sigue ofreciendo llegada desde el mediocampo. Ya no se trata únicamente de depender de una individualidad para resolver. Quince partidos sin perder, semifinalista de la Sudamericana, metido entre los ocho del Clausura y en plena pelea por la clasificación a la Libertadores 2027. Arruabarrena pidió cautela porque Boca todavía no consiguió ningún título, pero el presente empieza a permitir algo que hace algunos meses parecía mucho más lejano: llegar al tramo decisivo de la temporada compitiendo seriamente por todo.